Las zonas rurales de EE.UU. necesitan a los inmigrantes, pero la ofensiva de Trump amenaza su futuro
Una encuesta revela que siete de cada diez votantes rurales valoran esta mano de obra, aunque respaldan posturas migratorias divididas
La represión migratoria de Donald Trump enfrenta una contradicción que golpea el corazón de las comunidades rurales de Estados Unidos: mientras las deportaciones y las restricciones migratorias endurecen las condiciones para los inmigrantes, siete de cada diez votantes de estas zonas reconocen que los trabajadores agrícolas temporales son importantes para sus economías locales.
Los resultados de una encuesta de Associated Press y KFF (AP-KFF) muestran que la mano de obra inmigrante es fundamental para muchas comunidades rurales, incluso cuando sus habitantes mantienen opiniones divididas sobre las políticas migratorias del presidente republicano.

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El sondeo también revela que una proporción similar considera que los inmigrantes que residen legalmente en el país son importantes para la economía de sus localidades. El reconocimiento es todavía mayor entre los votantes rurales vinculados directamente con la agricultura y la ganadería, quienes tienen más probabilidades de describir a los trabajadores temporales como muy importantes.
Las comunidades que dependen de los inmigrantes
La importancia de esta fuerza laboral va más allá de los campos de cultivo. La inmigración en Estados Unidos sostiene actividades económicas rurales que incluyen la manufactura y los servicios de salud, sectores que también necesitan trabajadores para mantener sus operaciones.
Cada año, cientos de miles de inmigrantes desempeñan empleos agrícolas temporales en el país. Muchos llegan desde México mediante el programa de visas H-2A, que permite a empleadores contratar trabajadores extranjeros para labores agrícolas estacionales.
Shannon Monnat, directora del Centro de Investigación de Políticas de la Universidad de Syracuse, explicó a Associated Press la dimensión de esta dependencia económica.

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“Para muchos pueblos pequeños, los inmigrantes son la razón por la que la escuela y el hospital permanecieron abiertos y el condado no se redujo”, afirmó Monnat, de acuerdo con la agencia.
Su declaración pone sobre la mesa una consecuencia que suele quedar fuera del debate político: la salida de trabajadores no solo puede afectar la producción agrícola, sino también la actividad comercial y la capacidad de las localidades para sostener sus servicios.
El apoyo a Trump no elimina las dudas sobre las deportaciones
Pese a reconocer el aporte económico de los inmigrantes, los votantes rurales no mantienen una postura unificada sobre las medidas de la Casa Blanca. Según la encuesta de AP-KFF, aproximadamente un tercio considera que la política migratoria de Trump ha beneficiado a sus comunidades; otro tercio cree que las ha perjudicado y cerca de tres de cada diez afirma que no ha tenido ningún efecto.
Además, alrededor del 40% considera que la administración se ha excedido al deportar a inmigrantes indocumentados o restringir la inmigración legal. La proporción es menor que el 55% de los adultos estadounidenses que expresó esa opinión en una encuesta de AP-NORC realizada en septiembre.

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Reuters informó que la fuerza laboral estadounidense se mantenía por debajo del récord de 171.5 millones registrado en noviembre de 2025, en medio del envejecimiento poblacional, la baja natalidad y las restricciones migratorias.
Aunque Estados Unidos continuó creando empleos, la contratación se desaceleró. Las cifras citadas en el reporte sitúan el desempleo en 4.2% en septiembre y la creación de puestos de trabajo en apenas 29,000.
La tensión que se vive es difícil de ignorar; por un lado, las comunidades rurales pueden respaldar medidas migratorias más estrictas y, al mismo tiempo, depender de los trabajadores a quienes esas políticas ponen en riesgo. Para los pueblos agrícolas, el costo de esa contradicción podría sentirse en sus cosechas, sus negocios y sus servicios esenciales.
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